Para desarrollar la capacidad de perseverar, hay dos ingredientes reales que necesitarás: disciplina y deber. Son los componentes indispensables en una vida a prueba de destrucción y no se puede tener uno sin los otros dos. Por ejemplo, jamás podrás cumplir tu deber en la vida sin disciplina, ni podrás disciplinarte a menos que tengas devoción por algo que sea más grande que tú. Veamos primero la disciplina. La disciplina. El ser humano es adicto al control. Y a decir verdad, de todas las cosas que hemos aprendido a controlar, lo que más fuera de control está somos nosotros mismos. Nuestra crisis económica nacional es resultado del gasto particular descontrolado. Muchos de los problemas físicos que afectan nuestra salud son resultado de hábitos personales sin control. A menudo, muchas de las dificultades que enfrentamos en nuestras relaciones son producto de emociones y respuestas descontroladas por parte de una persona. Es Dios quien en verdad está al mando de todas las cosas. Él es el propietario, y nosotros los administradores. Siendo este el caso, la disciplina es la forma en que nos administramos a nosotros mismos. Y es el fundamento de la perseverancia. Sin disciplina uno puede tener momentos de alto rendimiento y estabilidad, pero no podrá mantenerlos. Porque su vida estará definida por la incongruencia…
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