de 2018

«Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él (Cristo), para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado.» —Romanos 6:6

Pablo se refiere al “viejo hombre” como la persona que fuimos antes de entregar nuestra vida al Señor Jesucristo. De tal manera que el pecado que tuvimos antes de conocerlo, no debe enseñorearse más de nosotros. La transformación en una nueva persona tiene que ser notoria y contundente. No se espera de nosotros que sigamos siendo las mismas personas pecaminosas, sino que haya un genuino arrepentimiento y un giro de 180 grados.