Muy afligida, una mujer de 38 años fue a pedirle consejo a su médico. «Doctor», dijo ella, «muchos adolescentes que se hallan entre el grupo de nuestros conocidos se conducen y se visten como vagabundos, desafían la autoridad de los padres y de los maestros, abandonan los estudios y acuden a las drogas. Mis cuatro hijos, dos de ellos adolescentes, seguramente se verán influidos por ese comportamiento. ¡Me siento tan inútil! ¿Qué puedo hacer para impedir que mis hijos se contagien y arruinen sus vidas?». El médico, hombre sabio y experimentado, le dio un consejo sensato: «No olvide cuál es su función como madre. Deles a sus hijos suficiente amor como para satisfacer sus necesidades y para ayudarles a resolver sus múltiples problemas. Trabaje en equipo con su esposo en la tarea de lograr un hogar basado en ideales cristianos. Como yo lo veo, los jóvenes que reciben en su temprana edad la debida orientación, rara vez se descarrían».
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