Planeamos y pensamos en términos temporales, y Dios piensa y planea en términos eternales. Lo que eso significa es que estamos muy interesados en el tiempo presente, y Dios está mucho más interesado en la eternidad. Queremos lo que se «siente bien» en este preciso momento, lo que produzca resultados inmediatos, pero Dios está dispuesto a invertir tiempo. Dios es un inversionista. Él invertirá mucho tiempo en nosotros, porque Él tiene un propósito eternal planeado para nuestra vida…
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