Nacidos para volar

Cuando vemos una mariposa volar, la admiramos por su belleza, por sus colores, por su libertad… Es uno de los insectos más bonitos de la creación de Dios. Pero no olvidemos el proceso que vivió para obtener esa belleza. La mariposa no nace como tal. Sufre toda una transformación: primero es un huevo, luego larva, oruga, capullo y, finalmente, mariposa. Esa es la metamorfosis por la que pasan estos animalitos: es un proceso biológico mediante el cual se experimentan cambios profundos en su forma, estructura y función. Así es también la vida del cristiano. No experimentamos cambios físicos así de drásticos, pero sí espirituales. Dios no trabaja con magia instantánea, sino con procesos transformadores. Aunque el huevo no vuela, nació para volar. Ese también es el plan de Dios para tu vida. Quizás hoy te sientes pequeño, invisible o frágil… pero Dios tiene grandes planes para ti, si tú le obedeces y decides someterte a Él para ser transformado en lo más bello que puedas imaginar