Humildad: requisito de Dios para la santidad

En este mundo todos quieren mandar. Hay una escasez de humildad y un exceso de orgullo. Cada vez menos personas están dispuestas a obedecer órdenes. Hay más guerras de independencia y países que nacen. Hay más matrimonios destruidos y cada vez menos que cumplen el «hasta que la muerte nos separe». Es más difícil hacer que la gente trabaje en equipo cuando ni los líderes ni los seguidores son humildes. Todos queremos ser jefes y nadie quiere ser siervo. Cada uno hace lo que cree que es correcto. Pero ¿qué significa ser humilde? El diccionario lo define como «sumisión o rendimiento». Sencillamente, es considerarse de baja condición; es no estar lleno de arrogancia y orgullo. Jesús lo dijo en Lucas 14:8-11: «Cuando seas invitado por alguno a un banquete de bodas, no tomes el lugar de honor, no sea que él haya invitado a otro más distinguido que tú, y viniendo el que te invitó a ti y a él, te diga “Dale el lugar a este”; y entonces, avergonzado, tendrás que irte al último lugar…