Con estas palabras, Moisés, inspirado por el Espíritu del Señor, comenzó a escribir el Génesis, primer libro de la Biblia y del Antiguo Testamento, en hebreo. Y comienza de una forma contundente declarando que Dios es el Creador del universo, de la vida y de todo lo que en él se encuentra. De la nada lo creó todo. (¡Y hay qué ver cómo tanta gente batalla para creer desde el primer versículo!). La Palabra con la cual se refiere a Dios es Elohim, al igual que en la mayor parte del Antiguo Testamento. Sin embargo, en hebreo, la terminación «im» en las palabras es usada para indicar el plural masculino, de tal forma que «Elohim» traducido literalmente quiere decir «dioses» (Eloha sería el singular). En el hebreo, al igual que en español, los verbos cambian en su forma plural o singular de acuerdo al sustantivo. Sin embargo, en la Biblia, los verbos relacionados con Elohim están en singular. Esta incongruencia gramatical fue un misterio para el pueblo de Dios. Desde tiempos antiguos, Dios les ordenó repetir las palabras de Deuteronomio 6:4, las cuales han repetido de generación en generación: «Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es».
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