Cuentan del naufragio de un pobre hombre que llegó a una isla desierta. Con mucho esfuerzo construyó una pequeña choza para resguardarse él y las pocas cosas que había rescatado. Oraba constantemente observando el horizonte para ver si algún barco se asomaba. Un día que regresó a su choza, después de salir a buscar algo de comida, la encontró envuelta en llamas. ¡Esto es el colmo!, pensó. Esa noche se acostó a dormir a la intemperie. Al amanecer, vio un barco anclado y corrió a toda prisa. Cuando se acercó a él, el capitán le dijo: «Estábamos muy lejos de aquí, pero vimos tu señal de humo y vinimos a rescatarte». Sin duda, Dios tiene formas peculiares de ayudarnos; formas que casi…