En Mateo 18, Jesús relata la memorable parábola de un sirviente que debía a su amo la cantidad fantásticamente absurda de diez mil talentos, una cantidad equivalente a mil años de salario como sirviente. ¡Una deuda tan enorme que serían necesarias al menos doscientas vidas para poder pagar! Cuando el sirviente endeudado y su familia iban a ser vendidos como esclavos, él cayó de rodillas y suplicó paciencia y tiempo para pagar. ¿Cuánto tiempo? ¿Quizá doscientos años? Como respuesta, el benevolente amo perdonó al sirviente toda su deuda. Pero en lugar de convertirse en una persona generosa y perdonadora por medio de su encuentro con una misericordia extravagante, el sirviente salió y se encontró con otro sirviente aque le debía cien denarios (equivalente a cien días de salario). Eso, desde luego, está lejos de ser una cantidad insignificante, pero no es nada en comparación con los diez mil talentos que a él le habían perdonado. Agarró por la garganta a su deudor y demandó el pago inmediato. Cuando el otro siervo fue incapaz de pagar, él hizo que lo metieran en la cárcel…
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