¿Cómo respondemos a Dios por nuestros actos sabiendo que Él conoce todo acerca de nosotros? ¿Cómo respondemos sabiendo que Él nunca nos abandona? Si sabemos que Dios es omnisciente, omnipresente y omnipotente, ¿cómo decidimos vivir nuestra vida? ¿Tratamos de agradarle en todo lo que hacemos? El Salmo 139 nos revela la angustia de David al no querer ser influenciado por malas personas, y nos lleva por un clamor que termina reconociendo al Señor como el único capaz de conocer cada rincón de nuestro corazón: «Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Porque blasfemias dicen ellos contra ti; tus enemigos toman en vano tu nombre… Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Salmos 139:19-24). ¿Estamos dispuestos…